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Telefónica agita el móvil y cable británicos con la fusión de Virgin Media

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No deja de ser irónico que el plan inicial de Liberty Global fuera vender el año pasado su filial británica Virgin Media al grupo británico Vodafone, junto a la venta que sí realizó de su filial alemana de cable y de otros países europeos a Vodafone. Telefónica, que había comprado O2 a BT por 18.000 millones de libras en 2005, intentó venderla a su antiguo dueño en 2014, pero al final BT se decidió por EE, que ahora reúne sus activos de telefonía móvil. Después, Telefónica intentó vender O2 a Three, otro operador móvil británico, pero la operación fracasó porque la entonces comisaria de la competencia, Margrethe Vestager, vetó la unión de dos operadores móviles de un mismo país y el referéndum posterior del Brexit y su incertidumbre financiera imposibilitaron que O2 saliera a bolsa, como también se había contemplado.

La combinación de los negocios de O2 y de Virgin Media y Virgin Mobile supondrá tener 32,6 millones de clientes de telefonía móvil; 5,3 millones de banda ancha; 4,7 millones de telefonía fija y otros 3,7 millones de televisión por cable. Se trata, por tanto, de la fusión de negocios distintos pero complementarios entre sí, porque pertenecen al mismo sector de telecomunicaciones. La Comisión Europea aprobó la venta de activos de Liberty Global al grupo británico Vodafone y el Reino Unido está ahora fuera de la Unión Europea, razón por la cual no se prevén en este caso demasiados obstáculos regulatorios.

El joint venture entre O2 y Virgin prevé facturar del orden de 11.000 millones de libras anuales, atendiendo a los resultados de 2019. Ambos socios participan a partes iguales y la valoración de O2 es de 12.700 millones de libras y la de Virgin Media de 18.700 millones, deuda incluida. Telefónica recibirá 5.700 millones de libras en efectivo y una compensación suplementaria de 2.500 millones de libras para igualar la participación, que destinará a reducir su abultada deuda. Los activos de O2 dejarán de formar parte de los resultados consolidados de Telefónica, con lo que su deuda será formalmente aún más baja y estará igualmente presente en el Reino Unido, como ahora le interesa. Entre otras ventajas, podrá seguir experimentando con la tecnología 5G en un escenario real y a gran escala como está haciendo con O2 e introducirse en España con más garantías de rentabilidad.

Como no se aporta capital fresco a la operación, la deuda combinada del joint venture se acercará a los 18.000 millones de libras. La unión, sin embargo, promete conseguir unos ahorros de 6.200 millones anuales a partir del quinto año después de realizarse, según calculan las dos compañías, y dentro del acuerdo se han establecido mecanismos para que cada socio saque al mercado hasta un tercio de su participación al cabo de estos mágicos cinco años. Un complejo acuerdo financiero que no es nada extraño para el multimillonario John Malone, muy habituado a las megafusiones y apodado como el “cowboy del cable”.

La fusión O2-Virgin creará un nuevo actor convergente, con sus propias infraestructuras de telefonía móvil y fija, y proponer el “cuádruple play” en el Reino Unido, como hace Telefónica en España

La operación de fusión O2-Virgin, si se lleva finalmente a cabo, supondrá la creación de un nuevo actor convergente, con sus propias infraestructuras de telefonía móvil y fija, lo que le permitirá proponer servicios competitivos de telefonía móvil, telefonía fija, banda ancha y televisión por cable, o “cuádruple play”, en el Reino Unido, como hace Telefónica en España, y rivalizar con los servicios convergentes que ahora sólo proporciona BT en el Reino Unido. De hecho, si se suman los actuales clientes, O2-Virgin pasaría a ser el primer operador británico, con el 34% del mercado, justo por delante de BT, que retendría el 32%. Aunque, como pasa en España, es habitual tener más de un “operador convergente” en cada país europeo, con infraestructura fija y móvil propia, en el Reino Unido sólo BT pertenecía a esta categoría.

Uno de los más perjudicados con la proyectada fusión de O2-Virgin es Vodafone, según sostienen la mayoría de analistas, que en su día ya no comprendieron lo que motivó que Vodafone no adquiriera los activos de cable de Virgin Media, máxime cuando sí lo hizo con los de Alemania y otros países europeos. BT también tendrá que recomponer su situación: perderá a Virgin Mobile como cliente de su red móvil y a O2 como cliente de su red de fibra porque, cuando puedan, Virgin Mobile utilizará la red móvil de O2 y O2 la red de fibra óptica de Virgin Media. Vodafone, Three y O2 alquilaban la red fija de fibra óptica a BT para prestar sus servicios móviles, al tiempo que BT también lo hacía a su filial móvil EE.

La combinación resultante supondrá tener 32,6 millones de clientes móviles; 5,3 millones de banda ancha; 4,7 millones de telefonía fija y otros 3,7 millones de televisión por cable

No es extraño que BT anunciara la semana pasada, en la presentación de los resultados del primer trimestre, que invertirá masivamente en la creación de una gran infraestructura de fibra óptica en el Reino Unido durante los próximos años. Y es que la red de telefonía móvil, y sobre todo con 5G, va cada vez más ligada a la red de fibra óptica, tanto en la red de transporte como en la red troncal. Con la pandemia, además, ha quedado claro que tan importante es el teléfono móvil como la red de fibra óptica para la banda ancha del interior de los hogares y empresas, aunque los servicios de banda ancha puedan suministrarse también a través de una antena de telefonía móvil.

La operación O2-Virgin era conocida desde hace meses en los círculos financieros, aunque los detalles mantenidos en absoluto secreto, por lo que a BT no le ha pillado por sorpresa. Por eso, tampoco es sorprendente que Philip Jansen, consejero delegado de BT, anunciara el mismo día que se conocía oficialmente la operación O2-Virgin y aprovechando la presentación de sus resultados del primer trimestre, que su compañía hará una “rápida aceleración” de su despliegue de fibra y prevé tener conectados con fibra más de 20 millones de hogares y empresas entre “mitad y finales de esta década”.

BT tiene ahora tiene 2,57 millones de hogares pasados con fibra, frente a los 1,25 millones de hace un año. El Reino Unido es el país europeo con menos fibra instalada, como pasa con Alemania, mientras que España y Francia son los que han tendido más fibra óptica. Cada semana, añadió Jansen, BT instala fibra en unos 32.000 hogares y para el próximo marzo se habrán añadido más de dos millones de hogares. En telefonía móvil, su filial EE da conectividad 5G en más de 80 ciudades del Reino Unido, compitiendo codo con codo con Vodafone y muy por delante de O2. En el pasado ejercicio fiscal anual, los resultados globales del grupo británico cayeron el 2% y su beneficio neto bajó de 2.159 a 1.734 millones de libras, con lo que el anuncio de O2-Virgin no viene en el mejor momento.

Nick Read, consejero delegado del grupo Vodafone, también se refirió a la operación hispano-estadounidense unos días después, aprovechando igualmente que presentaba los resultados del último trimestre. Como cabría esperar, Read no dio mucha importancia a la prevista fusión, asegurando que su acceso a fibra óptica y su cartera de espectro y de clientes móviles sitúan a su empresa en una fuerte posición en el Reino Unido, de la que estaba muy satisfecho. Se mostró muy confiado con la marcha futura de los negocios de Vodafone en el Reino Unido, al tiempo que opinaba que las marcha de Telefónica y Liberty Global “deberán enfrentarse durante muchos años a una operación compleja”.

La operación es ciertamente compleja y con repercusiones por ahora imprevisibles, incluso en sectores de actividad muy alejados. Por ejemplo, en la Fórmula 1. Movistar retransmite las carreras de F1 en España y tiene contrato hasta fin de año, que duda en seguir manteniéndolo, sobre todo con las carreras de momento anuladas por la pandemia. Pero resulta que hace unos días se supo que Vettel no será ya piloto de Ferrari en la próxima temporada y se habla de Carlos Saínz para ocupar su puesto, lo que provocaría un aumento de la audiencia en España, como pasó en su día con Fernando Alonso. Y Liberty Global es un importante accionista en la organización de la Formula 1 y de sus derechos televisivos, lo que podría hacer más interesante para Telefónica seguir apostando por retransmitir F1 en España y conseguir de paso una rebaja en el precio de su nuevo socio.