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Las operadoras quieren, pero temen, trabajar con los gigantes de la nube

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Las operadoras de telecomunicaciones europeas están interesadas en que los gigantes tecnológicos gestionen gran parte de los servicios de red que prestan a sus clientes empresariales en sus nubes de información pero, a la vez, temen perder una proporción elevada del valor añadido de su negocio y, a la postre, de sus beneficios. El problema básico de las operadoras es que el despliegue de una red 5G con potentes servicios empresariales exige recursos financieros muy elevados, de los que carecen debido a los reducidos márgenes de sus tarifas, y que a las Big Tech estadounidenses les sobra. Es el clásico dilema del “pan para hoy y hambre para mañana”, con graves implicaciones de privacidad de los datos personales y empresariales y de soberanía de los países europeos.

La tendencia imparable a tener más información en los centros de datos alojados en la nube, con software de tratamiento y gestión de la información incluido, está cambiando completamente las reglas de juego tradicionales de la industria de telecomunicaciones. El auge del cloud, unido al emergente despliegue de las redes 5G, supone un cambio total de paradigma: los operadores dejan de controlar sus redes de telecomunicaciones, al pasar a ser virtualizadas y desagregadas.

Con las redes fijas de antaño y las redes móviles 4G y de generaciones anteriores, los operadores gestionaban la mayor parte de los servicios de voz y datos que prestaban. Suya era la infraestructura básica de telecomunicaciones (redes de acceso, transporte y troncales), suministrada por los fabricantes de equipos y de cables y pagada y mantenida por los operadores. Además, mantenían un cierto monopolio al disponer de la licencia y el espectro para suministrar el servicio de telecomunicaciones.

La infraestructura de la red ha perdido la importancia de antaño; el poder real reside en los centros de datos de la nube, desde donde se proporcionan servicios de valor añadido que los clientes demandan y pagan con gusto

Con las redes fijas y 5G manejadas mediante software gracias a la tecnología SDN (Software Defined Network), que permite que puedan ser gestionadas a grandes distancias y de forma remota con las comunicaciones ultra-rápidas, los centros de datos de los operadores han pasado a ser fundamentales. No solamente porque los centros de datos sirven la información solicitada sino porque la pueden tratar y cocinar a gusto del cliente, sin que este último tenga que preocuparse por la complejidad y dificultades que acarree su pedido.

Con este cambio de paradigma, la infraestructura de la red ha perdido la importancia de antaño; no deja de ser un amasijo de cables de fibra óptica y de redes de enlace fijas y por radio. El poder real reside en los centros de datos, desde donde se proporcionan verdaderos servicios de valor añadido. Unos servicios que los clientes, fundamentalmente empresas, demandan con gusto y están dispuestos a pagar lo que les pidan porque les resuelven los problemas que tenían cuando ellos debían lidiar con las tecnologías de información y telecomunicaciones.

Llegan AWS, Azure y Google Cloud

Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses, esencialmente Amazon con AWS, Microsoft con Azure y Google con Google Cloud, ya vieron hace algún tiempo el inmenso negocio que se escondía tras los servicios proporcionados desde el cloud, y que ahora es inconmensurable gracias al 5G y apoyado por el edge, los centros de datos físicamente más próximos a los clientes. Con una buena infraestructura de centros de datos alojada en la nube y la tecnología apropiada, se puede ofrecer cualquier servicio de información, por sofisticado y complejo que sea, de gran valor añadido.

En la actualidad, estas tres empresas controlan el 60% de los servicios cloud (AWS un tercio del total, Azure el 19% y Google Cloud el 7%, aproximadamente) al que habría que sumar Alibaba con el 6% e IBM con el 5%, según la consultora Canalys. Se calcula que otras cinco compañías se reparten otro 9%, con lo que entre diez compañías monopolizan ahora el 80% del negocio de los servicios empresariales basados en la nube. Y según IBM, ahora sólo se extrae el 20% del valor que puede proporcionar el cloud, con lo que el camino por recorrer es inmenso.

La pandemia ha acelerado la adopción de la nube por parte de las empresas y de las Administraciones públicas y las perspectivas de crecimiento para los líderes del sector son aún mejores. En el tercer trimestre, la facturación de AWS fue de 11.600 millones de dólares, el 12% del total de Amazon, con un crecimiento del 29% respecto al tercer trimestre del año anterior. La facturación de Azure creció aún más en el mismo tercer trimestre, el 48%, y el de Google Cloud el 45%. La consultora Synergy estima que el sector del cloud aumentó globalmente el 33% en el tercer trimestre de este año respecto al anterior y que tanto AWS como Azure han consolidado su dominio en los últimos meses.

Los acuerdos entre operadores, fabricantes de equipos de red y suministradores de servicios en la nube se suceden en Europa, debido a las inversiones que muy pocas operadoras se pueden permitir en solitario

La capitalización bursátil a primeros de noviembre de las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) era de 7,3 billones de dólares, similar al conjunto de todas las empresas europeas que cotizan en bolsa y el 20% de las que lo hacen en Estados Unidos. Las acciones de Amazon y de Microsoft valen cada una más de 1,6 billones de dólares y las de Google 1,2 billones. Gran parte de la euforia bursátil de los últimos meses es debida, precisamente, al cloud.

Con estas cifras, está claro que estas compañías lo tienen todo de cara para imponer su dominio: se trata de un negocio que exige invertir miles de millones de dólares cada trimestre para continuar instalando centros de datos y crear nuevas aplicaciones y servicios, principalmente empresariales. Una fortuna que los actuales líderes se lo pueden permitir sin problemas, porque también es una actividad altamente rentable.

Europa y China, en alerta máxima

Este dominio insultante de unas pocas empresas estadounidenses han puesto en alerta máxima a las autoridades europeas y chinas. El Partido Comunista chino ha cortado por lo sano y abortó en el último momento la semana pasada la colocación en las bolsas de Shanghai y Hong Kong de acciones de ANT Group, la más elevada de la historia con una previsión de al menos 37.000 millones de dólares, para crear una banca electrónica con la autorización de pagos y créditos sencillos a través del móvil.

Jack Ma, cocreador de Alibaba y con el 50,5% de los derechos de voto de ANT, pensó que podía superar a los mayores bancos tradicionales mundiales y crear un sistema económico y financiero alternativo en China, pero no calibró bien la afrenta que suponía su iniciativa fintech y ha fracasado estrepitosamente. Las autoridades chinas, además, han enviado un claro mensaje a los que tenían la intención de emular a Jack Ma y han impuesto límites claros a la rama creciente de los servicios financieros de Alibaba, que es la empresa más valorada de China, con una capitalización bursátil que supone los 800.000 millones de dólares. China cuenta con una Internet propia y tiene prohibido el acceso a los servicios, entre otros, de Amazon y Google. Probablemente, todo el negocio del cloud y del acceso a los datos en China, naturalmente por compañías chinas, estará ahora mucho más regulado.

En Estados Unidos, el control de todo el negocio de los servicios en la nube y de la privacidad de los datos es menos problemático. En primer lugar, porque las compañías que dominan el negocio son estadounidenses y, segundo, porque las tres grandes operadoras nacionales de telecomunicaciones son mucho más potentes que las de Europa y su negocio es mucho más rentable, por lo que los acuerdos entre operadores y Big Tech son más sencillos de negociar. Aún así, en las últimas semanas se han visto a los máximos responsables de las GAFAM testificar ante el senado estadounidense y existen planes para desmembrar a estos gigantes tecnológicos, aún sin concretar.

En Europa, la situación es mucho más compleja. De entrada, la solidez financiera de las operadoras de telecomunicaciones que prestan servicios en el continente europeo, aún las más grandes, no tiene nada que ver con sus homólogas de Estados Unidos y China. Están sometidas a una presión competitiva mucho más elevada, que desencadena una guerra tarifaria, y sus mercados nacionales respectivos, fuertemente regulados, son mucho más pequeños. Mientras Estados Unidos y China tienen cada uno tres grandes operadores nacionales, en Europa pasan del centenar.

Hasta ahora, las operadores europeas se las arreglaban gracias a una fuerte presencia en sus redes de los equipos de red y los servicios en la nube de Huawei, que ofrecía productos de buena calidad y a precio y servicio competitivo, pero la presión ejercida por Estados Unidos a que se vetara a Huawei en Europa, escudándose en un supuesto espionaje del Partido comunista chino a través de Huawei (que Trump dio por seguro), unido a la preeminencia del cloud, ha situado a los operadores europeos con poco margen de negociación frente a los servicios ofrecidos principalmente por AWS, Azure y Google Cloud, tanto propios como a través de las redes de los operadores europeos.

Los dos grandes fabricantes de equipos de redes de telecomunicaciones, Ericsson y Nokia, con sede en los países nórdicos y suministradores tradicionales de los operadores europeos, también tienen problemas con el súbito cambio de paradigma y están trasladando parte de su infraestructura a la nube, con la ayuda de los gigantes estadounidenses. La sucesión de acuerdos entre operadores, fabricantes de equipos de red y grandes suministradores de servicios en la nube es frenética, debido al avance imparable de los servicios de telecomunicaciones basados en la nube y que requieren inversiones gigantescas que muy pocas operadoras se pueden permitir en solitario.

La Comisión Europea quiere poner orden a esta situación y prevé que se presenten el próximo 2 de diciembre la Digital Services Act y la Digital Market Act para reforzar la soberanía digital en Europa. En el tema de la privacidad de los datos se quiere ser muy estricto en toda la Unión Europea y exigir que los centros de datos estén ubicados en suelo comunitario y no pueda haber trasvase de datos a otros continentes a través de las redes de telecomunicaciones. En los últimos días, la Comisión Europea ha abierto un nuevo proceso sancionador tanto a Amazon como a Google por el manejo que hace de los datos privados de sus clientes.

Biden, una incógnita

La situación en Europa es altamente compleja, precisamente por los múltiples acuerdos que se están sucediendo entre operadores y proveedores de servicios en la nube, que arreciará en los próximos meses conforme aumente el despliegue de 5G. Mientras tanto, los especialistas intentan vislumbrar los planes en política tecnológica que tiene el presidente electo Joe Biden cuando asuma la presidencia de forma efectiva a partir del próximo 20 de enero y si intentará encauzar o suavizar, en lo posible, las medidas aprobadas por la Administración de Donald Trump.

Joe Biden ha sido poco explícito respecto a sus planes futuros durante la campaña presidencial. Por eso, los analistas han repasado con atención un artículo que publicó el entonces candidato en la revista Foreign Affairs del pasado marzo, con el título “Why America Must Lead Again”.  En el artículo queda clara su posición de que “Estados Unidos necesita ser duro con China”, porque si China sigue con el mismo camino, “continuará robando la tecnología y la propiedad intelectual de Estados Unidos y de las compañías estadounidenses”. Y añade que China “mantendrá los subsidios a sus empresas estatales para lograr una ventaja desleal y avanzar en el dominio de las tecnologías e industrias del futuro”.

Se prevén, por tanto, pocos cambios con respecto a la política tecnológica seguida por Trump en cuanto a China excepto, quizás, en las formas de aplicarla. Pero es probable que Estados Unidos quiera llegar con Biden a un acuerdo global sobre el clima, lo que supondría entenderse con China en este aspecto crucial, y que volviera a formar parte de los organismos internacionales que Trump decidió salir.

“Trump hizo lo correcto respecto a China. Lo completamente erróneo fue alejarse de los europeos”, señala Biden en el artículo, y precisa que la mejor forma de enfrentarse a China es formar “un frente unido” con los aliados. La posición concreta que adopte en los próximos meses Estados Unidos con respecto a la Unión Europea en los temas comerciales y, específicamente, en la soberanía y la privacidad de los datos, así como la influencia que pueda ejercer con las grandes tecnológicas de su país, determinará, en parte, la situación futura y competitividad de las redes de telecomunicaciones europeas.