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Las empresas tecnológicas confían en que EE UU y China lleguen a una solución de compromiso

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Las grandes compañías tecnológicas confían ahora en que Estados Unidos y China aparquen sus principales diferencias en materia de comercio exterior y transferencia de tecnología y consensuen un pacto que ponga fin a la escalada de acusaciones e imposición de medidas arancelarias draconianas a los productos chinos que entren en Estados Unidos. El cambio de posición se produjo el pasado martes, tras una conversación telefónica mantenida entre Donald Trump y Xi Jinping, en la que ambos mandatarios aceptaron verse y negociar durante la reunión del G20 en Japón a finales de este mes. Aunque no está claro que el bloqueo estadounidense a los productos de Huawei y la seguridad de sus equipos 5G se solucione, por lo menos se espera que este conflicto se aísle de la mesa de negociación y se fijen los criterios de la futura relación comercial y tecnológica entre ambos países.

 

Hace un año, la Administración estadounidense empezó a imponer aranceles a productos importados de China por valor de más de 250.000 millones de dólares anuales, como medida de presión para conseguir que China tratara a las empresas americanas de forma que considerasen leal, especialmente en el respeto a sus derechos de propiedad intelectual. Hasta principios de mayo, parecía que la estrategia americana surtía efecto y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repetidamente dijo que un histórico acuerdo comercial con China era inminente.

 

Hace seis semanas, las conversaciones se truncaron y el principal negociador estadounidense, Robert E. Lighthizer, acusó a China de renegar de sus compromisos aceptados en el preacuerdo. El responsable de Comercio, Wilbur Ross, aseguraba días después que Estados Unidos quería llegar a un acuerdo, pero añadía que Trump estaba dispuesto a continuar con los aranceles anunciados e imponer de nuevo los que habían sido temporalmente suspendidos. Se hablaba de fijar aranceles del 25% a productos procedentes de China por valor de 300.000 millones de dólares, prácticamente todos, la mitad de los cuales se consideran de alta tecnología.

 

El 17 de mayo, la Administración Trump puso a todos los productos de Huawei en la lista negra, y prohibió a sus empresas que le vendieran componentes y software, al tiempo que añadía presión para que las autoridades europeas prohibieran a los operadores la instalación de equipos de red 5G de Huawei en sus territorios, medida similar a la ya practicada en Estados Unidos. Huawei no se arredró y su presidente, Ren Zhengfei, se mantuvo firme y aseguró que tenían un plan alternativo para responder al boicot estadounidense. De paso, demandó a la operadora americana Verizon por 1.000 millones de dólares por haberse apropiado ilícitamente de sus patentes de propiedad intelectual.

Los aranceles a productos chinos, asegura la Cámara de Comercio, “ampliarían dramáticamente el daño ya hecho” a consumidores, trabajadores y empresas de Estados Unidos

 

Una cartera de 56.492 patentes

Huawei dispone de 56.492 patentes activas en telecomunicaciones, redes y otras invenciones mundiales en alta tecnología, según Anaqua, firma especializada en patentes. El sector de telecomunicaciones, y especialmente las comunicaciones móviles, depende de miles de patentes esenciales con múltiples acuerdos de cesión entre compañías punteras, sin las cuales virtualmente nadie podría fabricar nada. Huawei mantiene una disputa sobre patentes con Qualcomm e incluso con Harris, el contratista de equipos de defensa que recientemente ha llegado a un acuerdo de fusión con una parte de UTC.

 

Responsables de compañías estadounidenses de todos los sectores, y especialmente de alta tecnología, se pusieron visiblemente nerviosos porque se ponía en jaque todo el sistema global de suministro y envío de componentes y productos terminados, afanosamente labrado en las últimas décadas. Dejaron claro en las últimas semanas que era imposible dejar de hacer pedidos a China y el arancel del 25% repercutiría directamente sobre los bolsillos de los consumidores estadounidenses, en contra de lo anunciado meses atrás por su Gobierno. Una carta firmada por 661 empresas, incluidos gigantes de distribución como Walmart, Target o Costco, alertaban que el arancel destruiría dos millones de puestos de trabajo estadounidenses y a cada familia le costaría de promedio anual 2.000 dólares.

 

Los pasados viernes y lunes la tensión fue en aumento, sin que ninguna de ambas partes pareciera dispuesta a ceder. La Cámara de Comercio estadounidense, el más influyente grupo empresarial de Washington, urgió el lunes a la Administración Trump a poner fin a la guerra comercial con China, asegurando que la imposición de los aranceles previstos costaría a la economía estadounidense un billón de dólares durante la próxima década. Los aranceles, añadía, “ampliarían dramáticamente el daño ya hecho” a consumidores, trabajadores y empresas de Estados Unidos.

 

Muy pocas horas antes, desde Shenzhen, sede de Huawei, su presidente declaraba en una entrevista televisada que la compañía preveía una reducción de la producción del 30% en 2019 y 2020. Huawei facturó el año pasado 105.000 millones de dólares y su presidente y fundador, Ren Zhengfei, había anunciado hace unos meses que en 2019 se llegarían a los 120.000 millones, cuando ahora prevé que este año y el próximo que la facturación rondará los 100.000 millones. Añadió que la entrada de Huawei en la lista negra estadounidense ha perjudicado a unos 1.200 suministradores estadounidenses.

 

Un “Café con Ren”

En la entrevista, en forma de mesa redonda titulada “Café con Ren” y en la que participaban dos estadounidenses, Nicholas Negroponte, antiguo catedrático del MIT, cofundador del MIT Media Lab y divulgador de la economía digital, y el inversor George Gilder, no se veía a Zhengfei nada preocupado. El fundador de Huawei tiene 74 años, su empresa no cotiza en bolsa y la mayoría de las acciones están repartidas entre los empleados, con un máximo responsable ejecutivo rotatorio cada seis meses. Su principal preocupación, en estos momentos, parece que es ver a su hija liberada del arresto domiciliario a la que está sometida en Canadá y que Estados Unidos quiere extraditar por presunto fraude fiscal cuando era directora financiera de la compañía regida por su padre. Y si se levanta además el embargo comercial a la empresa que fundó en 1987, perfecto.

 

El ambiente estuvo tan caldeado el lunes pasado que al día siguiente por la mañana Xi Jinping y Donald Trump mantuvieron una entrevista telefónica y acordaron verse en Osaka en la reunión del G20 de finales de la semana próxima y celebrar un encuentro bilateral para llegar a un acuerdo comercial. En estos momentos, un equipo negociador de ambos países ya está reunido para fijar las bases de la negociación y llegar a un compromiso que satisfaga a ambas partes.

 

Según la agencia de noticias estatal china Xinhua, Xi le dijo a Trump que China desea que “Estados Unidos trate a las compañías chinas adecuadamente”, un comentario que se ha interpretado como una referencia a Huawei. Myron Brilliant, responsable de relaciones internacionales en la Cámara de Comercio estadounidense, asegura a The Wall Street Journal que “no hay duda que hay temas reales que necesitan tratarse a fondo, pero el restablecimiento de negociaciones es un paso positivo”. El día del anuncio de negociaciones, el Dow Jones subió el 1,35% y el índice rozó los 26.500 puntos, otra vez cerca de su máximo histórico de marzo.