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La telefonía móvil de EE UU abre una nueva era al aprobarse la fusión de T-Mobile US y Sprint

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La luz verde incondicional dada por el juez federal Victor Marrero a la fusión entre los operadores T-Mobile US y Sprint, tras dos largos años de negociaciones y litigios al más alto nivel, ha inaugurado una nueva era de las telecomunicaciones móviles de Estados Unidos. El país contará ahora con tres grandes operadores nacionales de tamaño similar (ATT, Verizon y la unión de T-Mobile US y Sprint) más un cuarto pequeño de nueva creación, Dish, cuando ahora había dos grandes (Verizon y ATT) y dos más pequeños (T-Mobile US y Sprint). La New T-Mobile creará una red 5G a precio competitivo en todo Estados Unidos, según exigen los términos acordados por la FCC y la oficina antitrust para dar su aprobación, que ahora ha sido ratificada por un juez federal y no se prevé que sea recurrida. Se podrá desplegar una potente red 5G porque las dos compañías poseen, con la unión, una cartera combinada de preciadas frecuencias en las bandas medias y baja.

Toda la discusión en torno a las redes 5G con ondas milimétricas (superiores a 26 GHz) ha tenido lugar porque Estados Unidos no posee suficiente espectro libre en las bandas de frecuencias medias (entre 3 y 4 GHz) para conceder nuevas licencias para un despliegue efectivo de las redes 5G en las zonas urbanas, y que deben ser complementadas en las zonas menos pobladas por frecuencias bajas (de 600 a 800 MHz). La prueba es que las licencias de las redes 5G desplegadas en Europa y Asia se han concedido en la banda en torno a 3,5 GHz (excepto en Italia, que también subastó licencias 5G con ondas milimétricas).

La FCC, el órgano que regula las telecomunicaciones en Estados Unidos, lleva años intentando liberar bandas de frecuencias medias para un despliegue efectivo de 5G, porque la gran mayoría están ocupadas y licenciadas por organismos estatales, privados y militares, y unas pocas de 2,5 GHz por Sprint, que las tiene infrautilizadas. La FCC se esfuerza ahora por liberar 280 MHz de la banda C y 70 MHz de la banda de 3,5 GHz, conocida como CBRS, con una fuerte oposición por sus legítimos licenciatarios. En todo caso, la subasta no se haría antes de finales de año y no podrían operar los adjudicatarios hasta 2021 o 2022, y con un espectro escaso. Por ello, todo el despliegue de 5G en Estados Unidos descansa sobre las ondas milimétricas, apoyadas últimamente por T-Mobile y ATT por bandas bajas para extender la cobertura (con un aumento reducido de la velocidad respecto a 4G, del orden del 20%).

La clave de la fusión son las respectivas carteras de licencias de espectro radioeléctrico, complementarias entre ellas

T-Mobile US, filial de la alemana Deutsche Telekom, y Sprint, controlada por la japonesa SoftBank, han intentado durante siete años encontrar alguna forma de colaboración mutua. Fueron abandonados planes previos en 2013 y 2017, hasta que a principios de 2018 se fraguó un acuerdo que permitiría a T-Mobile absorber a Sprint y así crear una compañía de tamaño similar a Verizon y ATT en número de conexiones. Verizon tenía finales de este año aproximadamente 125 millones de conexiones, casi todos con cuotas mensuales; ATT 110 millones, con 15 millones de prepago; T-Mobile rozó los 90 millones, con 10 millones de prepago, y Sprint 50 millones, con ocho de prepago.

El gran activo es Sprint es su cartera de licencias de 2,5 GHz, muy infrautilizada y sin recursos suficientes para dar el salto a 5G, mientras que T-Mobile US tiene licencias de bandas baja y microondas; combinándolas, gracias a la tecnología de agregación de ondas portadoras, se puede construir una red 5G amplia y con buena cobertura en todo el país, que es lo que se propuso a la FCC. Después de pactar varias concesiones, como la obligación de no aumentar precios y de dar cobertura a las zonas poco pobladas, así como ceder clientes a un cuarto operador que se crearía, Dish, que funcionaría con las redes de New T-Mobile los primeros años, la FCC aprobó el plan. La oficina antitrust lo denegó al principio, porque era contraria a la ley, pero, después de pactar nuevas obligaciones con la compañía que se fusionaría de no aumentar los precios y cubrir el 97% de la población antes de tres años, también aprobó el proyecto de fusión el Ministerio de Justicia (DoJ).

Todo parecía resuelto a mediados de 2019 para la creación de New T-Mobile, como provisionalmente se llamaría, pero 13 Estados del Este y de California, todos demócratas, recurrieron la decisión, porque consideraron que el acuerdo con la FCC y el DoJ reduciría la competencia y provocaría un aumento de precios (al menos en los Estados más ricos, porque los del Medio Oeste habían conseguido garantías de mejor cobertura en sus extensas zonas rurales). El pasado otoño se celebró el juicio, presidido por el juez de distrito Victor Marrero y que terminó a finales de diciembre. El veredicto no estaba claro, con los pronósticos la mitad a favor y la otra mitad en contra, pero el pasado martes se supo que era totalmente favorable a los intereses de T-Mobile US y Sprint.

La sentencia, de 173 páginas, no encuentra justificado el recurso basado en que la New T-Mobile reduciría la competencia y aumentaría los precios, como sostenían los 13 Estados, en parte porque “los consumidores consideran que las redes de ATT y Verizon tienen una calidad superior”. El juez Marrero también pareció convencido de que Sprint quebraría si no se aprobaba la fusión, como sostuvo en el juicio su responsable, ya que arrastra una deuda de 37.000 millones de dólares. La sentencia será firme el 1 de abril si no hay recurso. No es muy probable que se recurra, porque no se ha impuesto ninguna limitación y se han rechazado totalmente los argumentos de los recurrentes.

El juez Marrero considera que la nueva T-Mobile no reducirá la competencia y que vetar la fusión condenaría a Sprint a la quiebra

El acuerdo de fusión, cuando se hizo hace dos años, estipulaba que los accionistas de Sprint recibirían un tercio de las acciones de la compañía fusionada, que se valoró entonces en 59.000 millones de dólares. Pero desde entonces los activos de Sprint han quedado estancados mientras que los de T-Mobile US han aumentado una quinta parte. La cotización de las acciones de Sprint se habían hundido, aunque se ha revalorizado el 78% con la sentencia favorable. Antes del fallo, las acciones de Sprint se cotizaban un 45% por debajo del valor acordado mientras que después del fallo están 12% por debajo.

T-Mobile US ya ha solicitado una renegociación de los términos del acuerdo de 2018, pero lo urgente ahora es crear las redes 4G y 5G prometidas con la FCC. Para lograr la aprobación de la fusión, se hicieron múltiples y onerosos compromisos, que varios analistas consideraron en su día que serían difíciles de cumplir, pero ahora no hay vuelta atrás. Si dentro de tres años, a partir de abril, no está cubierto el 97% de la población con banda ancha móvil y gran parte con 5G, como estipula el acuerdo con la FCC, la multa será multimillonaria, que también está fijada.

El principal perjudicado con la aprobación de la fusión es Verizon, porque toda su estrategia 5G se basa en el uso de las ondas milimétricas mientras que para ATT la decisión es bastante neutra, según Craig Moffett, analista de MoffettNathanson. Verizon tendrá que jugar fuerte para quedarse con gran parte de las subastas de la banda C y CBRS cuando tengan lugar, previsiblemente la primera a finales de año.

El gran vencedor de la operación ha sido, sin duda, John Legere, el consejero delegado de T-Mobile US y juzgado de excéntrico. El 1 de mayo, como ya se había anunciado, cede su puesto a Mike Sievert, aunque retendrá un puesto en el consejo de administración de la nueva compañía. Se calcula que Legere cobrará 111 millones de dólares como bono por haber logrado la fusión. (En la fotografía superior, Legere aparece a la derecha, en el centro Tim Hoeges, director general de T-Mobile y a la izquierda Marcelo Claure, responsable de Sprint).