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La decisión británica de prohibir los equipos de Huawei reabre el debate de las redes 5G seguras

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Hace semanas que el primer ministro británico, Boris Johnson, tenía este dossier sobre la mesa, acosado por el ala más conservadora de su partido y por la continua visita de altos representantes de la Administración estadounidense, que le exigían que se retiraran totalmente los equipos de Huawei de la infraestructura de telecomunicaciones del país en el plazo de dos o tres años, lo que cualquier especialista juzgaba que era virtualmente imposible.

Al final, se ha decidido por una alternativa que no contenta a nadie y que deja a la economía y competitividad del país en una situación muy comprometida. Ahora que el Reino Unido saldrá de la Unión Europea y con su economía por los suelos debido a la pandemia, el país confiaba precisamente en el 5G como uno de los motores de la recuperación con la captación de inversiones industriales y financieras de empresas británicas y extranjeras, que ahora se desvanece.

De momento, la respuesta del Gobierno chino ha sido muy tímida, aunque ya se sabe que sus reacciones no son nunca viscerales ni tomadas en caliente pero tampoco deja a las empresas de su país en la estacada. Un portavoz de Huawei ha asegurado por correo electrónico que la decisión “es una mala noticia para cualquier usuario de telefonía móvil británico” y que pone al país en el carril lento de la digitalización, aumenta los costes y profundiza en la brecha digital. Y confía en que “las nuevas restricciones de Estados Unidos no afecten a la resiliencia o la seguridad de los productos que suministramos al Reino Unido”.

Presumiblemente, el papel de Huawei se limitará a mantener durante los próximos siete años la infraestructura de telecomunicaciones que ha llevado a cabo durante los veinte años de presencia en suelo británico. “Como empresa responsable, continuaremos dando soporte a nuestros clientes como siempre hemos hecho”, recalca el portavoz de Huawei, y añade que, “lamentablemente, nuestro futuro en el Reino Unido se ha politizado, porque la decisión trata sobre la política comercial de Estados Unidos y no sobre la seguridad de las redes”.

Los tres operadores de telecomunicaciones que utilizan ampliamente productos de Huawei, BT, Vodafone y Three, intentaron durante los últimos días revertir una decisión cada vez más temida, después de haber aceptado a su pesar el límite del 35% a los equipos de Huawei en las redes de enlace 5G y la prohibición total en el núcleo de la red, como decidió Boris Johnson el pasado mes de enero.

En una reciente reunión del comité parlamentario sobre el tema, ejecutivos de Vodafone y BT expusieron que el coste total de reemplazar los equipos de Huawei sería al menos de 2.600 millones de libras y que habría interrupciones del servicio si no se daba al menos cinco años para el reemplazo. Al final, se les ha dado un par de años más de margen y el Gobierno ha reducido considerablemente el coste previsto de la operación.

El despliegue de 5G en el Reino Unido se retrasará al menos dos años y aumentará el coste del reemplazo de los equipos de Huawei 2.000 millones de libras como mínimo, según reconoce el propio Gobierno británico

Una de las compañías que más se puede beneficiar de todo este embrollo es Telefónica, ahora que su filial británica O2 tiene previsto fusionarse con Virgin Mobile y prestar servicios 5G sin ningún equipo de Huawei, porque ya no tiene ninguno y se había comprometido a no tenerlo. Siempre, claro está, que se apruebe la fusión; en principio debería seguir adelante porque a Liberty Global ya se le aceptó la venta de activos al Vodafone cuando el Reino Unido formaba parte de la Unión Europea y más ahora que presumiblemente saldrá el 1 de enero. Si Vodafone y BT no tenían suficiente con esta competencia sobrevenida, ahora habrán de asimilar la sustitución completa de los equipos de Huawei.

Oliver Dowden, Secretario de Estado y responsable, entre otras funciones, de la política digital, aseguró en la Cámara de los Comunes británica que “5G será transformadora para nuestro país, pero sólo si tenemos la confianza en la seguridad y resiliencia sobre la que está construida la infraestructura”. Y añadió que, “debido a las sanciones de Estados Unidos y al asesoramiento técnico actualizado de nuestros ciberexpertos, el Gobierno ha decidido que es necesario prohibir a Huawei de nuestras redes 5G”.

De la intervención parlamentaria de Dowden se desprende que el problema principal de la infraestructura 5G que Huawei está instalando en el Reino Unido (con las limitaciones de enero) no estriba en su seguridad sino en que, debido a las sanciones recientemente impuestas por Estados Unidos, la calidad de los componentes y productos que la compañía china instalaría en el futuro podría no ser la de hasta ahora, debido a los crecientes problemas de suministro por parte de sus proveedores tradicionales y a la presumible necesidad de buscar suministradores alternativos con componentes de menor calidad o prestaciones.

El argumento se revela bastante falaz porque, en el caso de que los componentes no cumplieran las especificaciones de calidad y prestaciones del contrato de suministro, siempre se podrían rechazar. Además, si fuera el caso de que algunos componentes fueran poco fiables, defectuosos o ineficientes, la infraestructura podría tener problemas de funcionamiento pero no necesariamente de seguridad. El motivo principal para prohibir desde enero la utilización de equipos de Huawei en zonas muy sensibles, como es el caso de la red troncal, instalaciones militares o aeropuertos, era que no ofrecían, según el National Cyber Security Center, todas las garantías de seguridad y eran susceptibles de facilitar el espionaje, extremo que Huawei siempre ha negado vehementemente.

En cualquier caso, durante toda la intervención parlamentaria de Dowden, quedó patente su interés en alejar la decisión de su Gobierno de la política interna de China y de su actuación en Hong Kong y limitarlo a un tema comercial y de calidad de los componentes. “Este Gobierno actúa de forma clara con China” y “queremos una relación moderna y madura y trabajar codo con codo con China en los temas donde converjan nuestros intereses”. Y por si no había quedado suficientemente claro, añadió: “La decisión de hoy trata sobre la seguridad de la red de telecomunicaciones a la luz de las nuevas sanciones de Estados Unidos”.

Los analistas y medios de comunicación han interpretado la decisión británica como una concesión a Estados Unidos. El Wall Street Journal tituló ayer que “el Reino Unido excluye a Huawei de sus redes 5G en medio de las tensiones entre China y Estados Unidos y se ve como una victoria para Estados Unidos”. En la información publicada por el Financial Times, se asegura que “la decisión representa una victoria estratégica para la Casa Blanca”.

Huawei considera que la decisión es una mala noticia para cualquier usuario de telefonía móvil británico y que pone al Reino Unido en el carril lento de la digitalización, aumenta los costes y profundiza en la brecha digital

Las condiciones que debe reunir una buena infraestructura de telecomunicaciones 5G son muy conocidas y existen decenas de publicaciones al respecto. Sin ir más lejos, Donald Trump publicó el pasado marzo su visión sobre la Estrategia nacional para una 5G segura, escrito en primera persona y firmado por él mismo. El Gobierno británico publicó el pasado julio un amplio informe sobre la seguridad de las telecomunicaciones y un año antes las características de la futura infraestructura de telecomunicaciones. La síntesis de estos informes gubernamentales siempre es que las redes deben ser seguras, fiables y resilientes, pero no mencionan a los suministradores capaces de instalarlas. Ni queda claro el alcance exacto de una “red segura”.

El elemento crucial con que se enfrenta un operador que quiere reemplazar a un fabricante es la compatibilidad con los equipos que ya tiene instalados. Si es el mismo fabricante, un equipo 5G es compatible con 4G e incluso con 3G. Pero raramente ocurre con distintos fabricantes, porque el estándar 4G o 5G es común pero en medio hay interfaces propietarios que imposibilitan una compatibilidad plena. Esto significa que los equipos 4G de Huawei instalados en el Reino Unido principalmente por BT y Vodafone seguirán funcionando hasta 2027, pero no se podrán conectar con los equipos 5G que se vayan a instalar en los próximos años. Otro problema es que los equipos 5G deben ser suficientemente flexibles para poder ampliarse en caso de necesidad.

La decisión del Gobierno británico supone un grave problema para los operadores, porque tendrán que encontrar uno o varios suministradores fiables, que ofrezcan plenas garantías de funcionamiento y seguridad de la infraestructura de telecomunicaciones y que estén en condiciones de ofrecer el volumen requerido y a un precio razonable. No hay muchas alternativas: la principal es Ericsson, seguida de Nokia, que ahora empieza a tener componentes más competitivos tras su fracaso inicial al apostar por procesadores a medida no programables.

Samsung también está ansioso por penetrar en Europa, pero se da la circunstancia de que ya suministró equipos a Three y este operador británico tuvo que quitarlos por problemas, según parece, de compatibilidad y sustituirlos por otros de Huawei, que ahora deberá volver a reemplazar. Muchos políticos, sobre todo de Estados Unidos, confían en los sistemas abiertos basados en Open RAN, pero una encuesta reciente de Light Reading mostraba que el 36% de los expertos entrevistados no pensaban que estuviera lista antes de 2023 y otro 15% nunca. Hace unos días, tanto Samsung como Nokia comunicaron que tenían una solución Open RAN, disponible dentro de un año, pero faltará probarla en condiciones reales y a gran escala. Es razonable pensar que hayan equipos 5G Open RAN, virtualizados o no, para despliegue comercial y amplio a finales de 2022, pero no antes.

La cuestión es que todos los especialistas reconocen que los equipos de Huawei son los más completos, los más fiables y los de precio más ajustado. Según la consultora Dell’Oro, en 2018 Huawei acaparaba el 28% de toda la infraestructura mundial de telecomunicaciones, fija y móvil, seguida de Nokia con el 16%, Ericsson con el 14%, ZTE con el 10% y Cisco con el 7%. Entre los cinco controlaban tres cuartas partes de toda la infraestructura.

Otro problema es que los operadores europeos están acostumbrados a trabajar con Huawei, como suministrador principal o alternativo, y los instaladores se han familiarizado con sus soluciones. Según Huawei, la compañía da empleo a 28.000 personas en el Reino Unido, gran parte de las cuales se tendrá que buscar la vida e intentar colocarse con otro suministrador y familiarizarse con otros equipos. Se da por descontado que el flamante centro de optoelectrónica que Huawei quería construir cerca de Cambridge, con una inversión de 1.000 millones de libras y la creación de 400 puestos de trabajo cualificados, pasará a mejor vida y se hará en otro país que acepte a Huawei.

Además, Huawei da buen soporte y condiciones financieras. Las condiciones de Huawei son tan buenas que la semana pasada Woojune Kim, vicepresidente ejecutivo de Samsung, aseguró que ninguna compañía con accionistas que quiera tener beneficios puede tener la tarifa de precios de los equipos al mismo nivel que la de Huawei. A su juicio, sólo tres o cuatro compañías pueden ser viables y sugirió que Huawei tiene que recibir necesariamente apoyo financiero del Gobierno chino.

BT eligió el pasado abril a Ericsson como suministrador de su red de supervisión troncal 4G y 5G integrada. Es de suponer que siga con el suministrador sueco para empezar a desplegar una nueva red 5G y con otra de Nokia como apoyo. Pero tendrá que rehacer todo el despliegue que tenía previsto para 5G y adaptarlo a las nuevas exigencias gubernamentales, en un entorno económico dramático con tarifas en caída libre, por supuesto 4G. Y Vodafone, por citar los dos operadores principales en el Reino Unido, deberá hacer algo similar.