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España ya cuenta con servicios 5G de las principales operadoras, aunque muy limitados

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España ya empieza a tener servicios 5G con múltiples operadores. Primero fue Vodafone, que encendió las primeras redes 5G en junio del año pasado y ahora presta servicio en zonas céntricas y comerciales en 21 ciudades españolas. Desde el pasado 7 de septiembre, Orange ha introducido el servicio 5G en las zonas más céntricas de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Málaga y un día después lo hizo MásMóvil, que comparte la red con Orange, para sus clientes de la marca Yoigo. Se prevé que a partir de finales de octubre lo haga también Telefónica de España a través de Movistar, con el compromiso de que la cobertura alcance al 75% de la población española, según aseguró el 2 de septiembre su presidente, José María Álvarez-Pallete. Todos estos servicios 5G tendrán una velocidad y una latencia muy similares a las actuales redes 4G, porque seguirán utilizando las redes de transporte y troncales 4G y sólo en el tramo final serán 5G, lo que técnicamente se denomina Non Stand Alone (5G NSA). Los servicios 5G propiamente dichos, o Stand Alone (5G SA) no estarán disponibles hasta bien entrado el año que viene, con un aumento progresivo de la cobertura. Será entonces cuando 5G SA empezará a marcar la diferencia con lo que hay ahora, 4G y 5G NSA, ampliada además con la utilización de la red 5G de 700 MHz, que se subastará a lo largo del primer trimestre del año que viene.

El comunicado de Telefónica, asegurando que dispondrá de cobertura 5G antes de final de año en todas las comunidades autónomas y que alcanzará el 75% de la población española, sorprendió a todos, incluso al Gobierno, por lo ambicioso, pese a que el pasado 30 de julio la operadora ya había anticipado que “Telefónica tendrá cubierto con fibra en 2025 el cien por cien de España y será líder en la implantación del 5G”.

La disponibilidad de redes 5G en España por parte de varios operadores es importante, porque así se podrá tener una experiencia real y no sólo pruebas piloto, pero también muy limitada, debido a la escasa cobertura inicial que se prestará (Vodafone asegura que se cubre la mitad de una veintena de ciudades, fundamentalmente en la calle) y, sobre todo, porque sólo el último tramo, desde el usuario con su terminal 5G hasta la antena más próxima con la que tenga comunicación, es realmente 5G. Todo el resto del servicio se hará con redes 4G por el momento.

En el caso de Telefónica, la cobertura del 75% se podrá conseguir mayoritariamente gracias a un recurso tecnológico que permite que una antena 4G, en el caso de que tenga una parte de su capacidad libre, acepte señales 5G en modo compartido. Es lo que técnicamente se conoce como DSS (Dynamic Spectrum Sharing) o espectro compartido en modo dinámico. La gran ventaja es que esta adaptación de las antenas 4G para que acepten señales 5G en los ratos en que tengan capacidad libre (de ahí el término dinámico) se puede hacer mediante software y desde una central, con una inversión relativamente reducida.

Se necesitarán, calculan los expertos, cinco veces más antenas para tener una cobertura equivalente a la 4G y hasta diez veces más repetidores para penetrar en paredes y fuera del alcance visual de las antenas principales

El inconveniente de DSS es que aporta muy pocas ventajas, porque la velocidad es prácticamente la misma que se consigue con 4G y la adaptación se debe hacer con software del mismo fabricante de la antena y red de enlace, sea Ericsson, Huawei o Nokia. Pero, a nivel comercial, DSS es interesante para los operadores que la utilicen, porque pueden decir, y están en lo cierto, que en aquella zona existe cobertura 5G.

Es de sobras conocido que a mayor frecuencia de la señal se consigue mayor velocidad de transmisión de los datos pero también menor ángulo de cobertura y alcance de los mismos. Se calcula que, a la frecuencia de 3,7 GHz en que se emitirán las señales 5G en la banda media del espectro radioeléctrico en España, se necesitarán cinco veces más antenas para tener una cobertura equivalente a la 4G y hasta diez veces más repetidores de la señal para penetrar en paredes y zonas fuera del alcance visual de las antenas principales. Tener cobertura y alcance 5G muy amplios y con muy elevada velocidad de transmisión sólo será posible y rentable en las zonas de gran densidad de población y de usuarios; en la práctica, en los centros de las grandes ciudades y en las zonas con muchos centros comerciales, oficinas y nudos de comunicaciones, como en los alrededores de estaciones de ferrocarril, estaciones de autocares y autobuses y aeropuertos. Y durante muchos años, hasta bien avanzada esta década.

Esta necesidad de tener muchas más antenas para 5G en la banda de frecuencias medias es lo que hace necesario desplegar el servicio 5G con frecuencias más bajas, que en el caso de España se hará con la banda de 700 MHz y cuyas licencias se subastarán durante el primer trimestre del año que viene, según el compromiso del Gobierno. No se ha podido hacer antes porque esta banda estaba ocupada por la transmisión de las señales de televisión digital Terrestre (TDT). Se debían liberar completamente antes del 30 junio pasado, pero la aparición de la pandemia obligó a retrasar el traslado total de la TDT a otras frecuencias porque algunas antenas de televisión comunitarias aún no se habían modificado y muchos pueblos no se podían quedar sin servicio televisivo.

A partir de la próxima primavera, con las licencias de 700 MHz subastadas y adjudicadas, los operadores que las hayan conseguido ya podrán desplegar las nuevas antenas 5G y cubrir progresivamente más territorio, complementando así la cobertura que se haya realizado con las antenas que trabajan con las licencias de 3,7 GHz en las zonas de mayor densidad de población y usuarios potenciales.

La tarea de progresivo despliegue de la 5G no estará aún terminada ni mucho menos, porque faltará que estas antenas, que recibirán las señales procedentes de los terminales 5G, transmitan la señal a las redes de transporte y troncales siempre en modo 5G SA. Ahora, como se ha indicado al principio, las señales se transportan en modo NSA; en la práctica, como si fueran 4G. Las especificaciones 5G SA no fueron aprobadas hasta hace unas pocas semanas y es ahora cuando los operadores están empezando a desplegar redes 5G SA.  A favor de los operadores españoles, no se puede decir que se hayan dormido en los laureles.

Cuando empiece a haber un despliegue importante de redes 5G SA y con profusión de antenas a frecuencias medias y bajas, se verán realmente las grandes posibilidades y prestaciones que permiten los servicios totalmente en modo 5G, como puede ser la transmisión de datos a muy alta velocidad, los servicios a la carta en función de las necesidades y la contratación realizada (lo que se conoce como network slicing) y, sobre todo, la baja latencia, que significa una transmisión de datos prácticamente instantánea, además de una mayor calidad, integridad y privacidad del servicio de extremo a extremo.

El futuro a corto plazo de 5G pasa por las redes privadas, dando servicio a un gran complejo manufacturero, y también en los escenarios con grandes aglomeraciones, aunque la pandemia retrasará inicialmente esta posibilidad

De todas formas, este futuro tan halagüeño del 5G para servicios destinados a los consumidores tardará bastante en llegar, aunque hace años que se están promocionando como si ya estuvieran a la vuelta de la esquina. En realidad, donde los servicios 5G serán más interesantes, y rentables para los operadores, que son los que deberán cargar con el grueso de la inversión inicial, será en las aplicaciones empresariales.

Es en las redes privadas donde se ve mayor futuro a corto plazo, para dar servicio a un gran complejo manufacturero o un polígono industrial. Estas redes, aunque de uso particular, pueden ser totalmente instaladas y gestionadas por los operadores públicos tradicionales y compartidas entre varios usuarios, al igual que pueden abarcar redes móviles, fijas e inalámbricas en entornos más o menos grandes. La ventaja de estas redes privadas es que no dependerán de si en los alrededores haya más o menos cobertura, porque pueden funcionar como en una isla, dentro de un entorno relativamente aislado tipo cluster empresarial.

Dentro de las aplicaciones para consumidores, donde se prevé también mayor futuro es donde haya grandes concentraciones de personas, como en estadios de fútbol o en escenarios preparados para grandes espectáculos. Los sistemas de realidad virtual o de realidad aumentada, con la retransmisión de distintos escenarios e información en tiempo real, puede dar mucho juego. Desgraciadamente, estas aplicaciones para públicos masivos no se podrán ni experimentar a corto plazo debido a la pandemia pero en un par o tres años, con la tecnología más evolucionada, pueden tener mucho éxito. Si al final se hacen los Juegos Olímpicos en Japón en el verano de 2021, será una buena oportunidad para ver lo que pueden dar de sí.

En cualquier caso, es necesario que antes haya una buena infraestructura de redes de telecomunicaciones y de torres, con antenas unidas entre sí por cables de fibra óptica. La semana pasada, en el evento DigitalES, el consejero delegado de Vodafone, António Coimbra, habló de que se necesitaría una inversión mínima de 5.000 millones de euros en 5G y que confiaba en que unos 2.000 millones serían de ayudas públicas, procedentes de fondos comunitarios derivados de la transformación digital.

De momento, ninguno de los operadores ha hablado de plazos y del número de emplazamientos a distintas frecuencias que se irán realizando en los próximos meses y años, ni tampoco si serán compartidos o no. Está claro que MásMóvil compartirá la red con la de Orange y la tendencia es que muchas de telecomunicaciones pasen a ser propiedad, o como mínimo gestionadas, por compañías especializadas y con un uso cada vez más compartido entre distintos operadores.

La tecnología actual de redes permite un gran abanico de posibilidades pero el entorno económico-financiero y las posibilidades de aumento de ingresos por parte de los operadores no dan para grandes alegrías, con lo que es previsible que los grandes operadores deban llegar a algún tipo de acuerdo para compartir al máximo sus infraestructuras 5G, para minimizar la inversión y el riesgo financiero y lograr unos ingresos adicionales razonables lo más rápidamente posible.