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EE.UU insiste en su crítica a Huawei mientras la UE quiere contemporizar con China

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Hace meses que la Administración estadounidense insiste en atacar a Huawei por la falta de seguridad de sus equipos 5G, ya que considera que el Partido Comunista Chino puede espiar a través de ellos, extremo que la compañía niega vehementemente. La semana pasada, sin ir más lejos, Pompeo elevó el tono y elogió a diversos países que han decidido confiar en los equipos de la sueca Ericsson, en vez de la china Huawei, para su infraestructura 5G.

El Secretario de Estado considera, en el comunicado de prensa, que “la marea está girando a favor de suministradores 5G fiables”. Y cita ejemplos de operadoras de telecomunicaciones “limpias”, como “Orange en Francia” u “O2 en el Reino Unido”, sin tener en cuenta que Orange utiliza equipos de Huawei fuera de Francia y que Telefónica, propietaria de O2, hace lo mismo fuera del Reino Unido.

En apenas veinte líneas, Pompeo arremete contra el Partido Comunista Chino, aparte de Huawei. Asegura que hay una clara tendencia “en favor de una 5G segura” y que cuantos más países, compañías y ciudadanos preguntan en quién deberían confiar sus datos más sensibles, la respuesta más obvia, en su opinión, es: “No al estado de vigilancia del Partido Comunista Chino”.

Al día siguiente de emitir el comunicado, el Secretario de Estado volvió a atacar a Huawei en una intervención en streaming que hizo desde Washington en el Forum 2020 de Bruselas sobre las relaciones transatlánticas y la necesidad de establecer un nuevo diálogo. Pompeo aseguró que había hablado este pasado mes de junio con varios ministros de Asuntos Exteriores de la UE y les había transmitido una serie de datos y verdades, como las prácticas intimidatorias del Partido Comunista Chino, o “como el intento de forzar a naciones a hacer negocios con Huawei, que es un brazo del estado de supervisión del Partido Comunista Chino”.

Estados Unidos, reconoció, fue lento en vislumbrar la deriva autoritaria de China y sus implicaciones para la sociedad libre, como también le había pasado de Europa, pero “ahora hay un despertar transatlántico sobre la realidad de lo que está sucediendo”. La República Checa, precisó, está animando a los países a adoptar “los principios de redes seguras y redes limpias en 5G”.

Bojan Pancevski, corresponsal en Alemania del Wall Street Journal, tuvo la oportunidad de preguntarle en directo al Secretario de Estado, entre otras cuestiones, qué pruebas tenía de que Huawei estuviera al dictado del Partido Comunista Chino, como había repetido en esta y anteriores ocasiones. Pompeo respondió que “hay muchas cosas que no puedo compartir en público, pero estoy seguro que lo puede ver cualquiera que mire con atención a Huawei, y tampoco tiene que ir muy lejos”. Sabemos, añadió, que “hay miembros del aparato de seguridad de China trabajando en las plantas superiores del edificio comercial de Huawei en China”.

La construcción de un centro de desarrollo y fabricación de equipos de optoelectrónica de Huawei en Gran Bretaña, con una inversión de 1.000 millones de libras, ha molestado a Estados Unidos

Es inaceptable, precisó el Secretario de Estado, que si una información privada, del tipo que sea, pasa a través de una infraestructura de Huawei y “Huawei tiene la capacidad de capturarla, en una de las violaciones más flagrantes del mundo, esta información estará en manos del Partido comunista Chino si así lo solicita, porque Huawei tiene la obligación legal de suministrarla”. Huawei siempre lo ha negado, como apostillan todos los periódicos cuando se refieren a esta información.

La insistencia de Estados Unidos sobre el particular no solo incomoda a muchos miembros de la Unión Europea, especialmente a Alemania y Francia, que no dan una respuesta clara, sino también al Reino Unido. En enero, el Primer Ministro británico, Boris Johnson, decretó que Huawei no podría tener equipos 5G en la red troncal del país ni más del 35% en las redes de enlace y de transporte y en mayo prohibió totalmente que hubieran equipos 5G de Huawei a partir de 2025. La consultora Enders Analysis ha calculado que el coste de la decisión para las operadoras británicas será de 1.500 millones de libras, según informó hace un par de semanas The Telegraph y en febrero The Times.

La semana pasada, el Gobierno británico autorizó la construcción de un centro de desarrollo y fabricación de equipos de optoelectrónica de Huawei cerca de Cambridge, con una inversión de 1.000 millones de libras y la creación de 400 puestos de trabajo locales altamente cualificados. El centro será la sede internacional de todos los productos de optoelectrónica de Huawei, lo que ha vuelto a encender los ánimos al otro lado del Atlántico.

El lunes pasado, durante una conferencia de prensa en el que se anunciaba el plan previsto para la recuperación de la economía del Reino Unido, se le preguntó a Boris Johnson si la creciente opresión de China sobre Hong Kong había afectado a la decisión del centro de Huawei. Tras unos momentos de duda, dijo que “no quiero ser acusado de sinofobia porque no soy sinófobo” pero, por otro lado, “quiero ver protegida de suministradores estatales hostiles nuestra infraestructura crítica nacional (de telecomunicaciones)”.

Si hasta ahora Huawei era un “suministrador de alto riesgo”, como lo había calificado el centro de seguridad británico, ahora es un “suministrador hostil” para Gran Bretaña y poco menos que un sicario a las órdenes del Partido Comunista Chino para la Administración de Donald Trump. Quedan 18 semanas para que Estados Unidos elija a su próximo presidente y más pronto que tarde el candidato demócrata, Joe Biden, deberá pronunciarse sobre su posición respecto a un acuerdo comercial con China si sale elegido. No sería de extrañar que 5G y Huawei fueran objeto de debate en las próximas semanas de campaña presidencial, visto el empeño que pone Pompeo en el tema, y que se quiera acorralar a Biden en este tema tan espinoso.

Japón, Alemania y Corea del Sur se postulan para suministrar equipos y componentes 5G en el inmenso mercado chino, ahora que Estados Unidos pone trabas a la exportación de sus semiconductores

No deja de ser curioso que un tema como 5G o una compañía como Huawei suscite un debate tan intenso en las altas esferas políticas de todo el mundo, por muy estratégico que sea, y más en medio de una recesión económica mundial y una pandemia como la que estamos inmersos. Pero es que el vacío que está provocando Estados Unidos con la prohibición de que sus compañías de semiconductores vendan componentes a China y especialmente a Huawei es una oportunidad de oro para las compañías europeas, especialmente las alemanas pero también la holandesa ASML, el principal fabricante mundial de equipos de litografía óptica, claves para la fabricación de semiconductores, ahora que los productores estadounidenses tienen vetado vender incluso a TSMC si fabrican para Huawei.

No solamente Europa quiere aprovechar la pugna comercial entre Estados Unidos y China, que hace que ambos pierdan oportunidades y ventas en sus mercados a un lado y otro del Pacífico, sino que Japón está poniendo todo su empeño en suministrar componentes de alta tecnología para acelerar el despliegue de 5G en China, el mayor mercado del mundo al menos en los próximos tres años, según publicó hace un par de días el Wall Street Journal. Y la vecina Corea del Sur también tiene gran interés en ayudar a China en la fabricación de equipos 5G.

El juego de equilibrios diplomáticos que se puede abrir entre los países que bordean el Mar de China y Estados Unidos puede ser altamente delicado, porque Estados Unidos es el garante militar de Japón, Corea del Sur y Taiwan frente a China. Pero es que el mercado 5G chino no es cualquier cosa: China tendrá el 70% de todas las conexiones mundiales 5G a final de año. En todo el país se desplegarán alrededor de medio millón de estaciones base 5G con una inversión que supera los 150.000 millones de dólares.

Tsuneo Murata, presidente de la compañía japonesa Murata y un fabricante reconocido mundialmente por sus condensadores cerámicos, un componente poco conocido pero altamente estratégico en los equipos de telefonía móvil, reconoce que el despliegue que está haciendo China en 5G abre un mercado muy prometedor para sus productos. Y Anritsu, otra compañía japonesa, especializada en equipos de instrumentación para radiocomunicaciones, en dura pugna con la alemana Rohde & Schwartz, también se frota las manos.

Takeshi Shima, vicepresidente de Anritsu, la demanda de sus productos a China se ha incrementado notablemente gracias a los fabricantes chinos de smartphones, que los suministran a una audiencia cada vez más grande y global. Pese a que China promueve principalmente la compra de sus productos, muchos suministradores japoneses aumentan su participación en la cadena productiva china, sobre todo desde las restricciones impuestas por Estados Unidos.

Japón está muy interesado en vender equipos 5G fuera de su mercado doméstico, especialmente para la compañía NEC, y China es el mercado ideal por el gran volumen de su mercado. También Corea del Sur, a través de los equipos de Samsung, quiere hacerse un hueco en China. Tanto las compañías japonesas como las coreanas también tienen su vista puesta en Estados Unidos, con lo que habrán de hacer difíciles equilibrios para contentar a Estados Unidos y a China al mismo tiempo.

Tampoco quieren olvidarse de Europa, si al final los países de la Unión Europea deciden prescindir, aunque sea en parte, de Huawei. Boris Johnson, por ejemplo, parece que ha pedido ayuda a NEC para que suministre equipos de telecomunicaciones 5G en Gran Bretaña. Y es que Ericsson y Nokia, por mucho que quisieran, no podrían suministrar equipos a todo el mundo, aún exceptuando a China, con plazos y precios razonables, si la demanda explota a partir de 2022, como prevén muchos analistas.