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Balance 2019: 5G ya es una realidad, aunque falta mucho por hacer

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Multitud de países han iniciado desde el pasado mes de abril el despliegue de redes comerciales 5G, destacando las de Corea del Sur y Suiza, con importantes coberturas iniciales en ambos países, y desde el pasado otoño China, que ya dispone de más antenas, estaciones base y usuarios 5G que el resto del mundo. Varios países europeos han sido pioneros en el lanzamiento de esta tecnología móvil, entre ellos España, lo mismo que otros de América, Asia y Oriente Medio, pero circunscrita a los centros urbanos de grandes ciudades, con lo que el número de usuarios es inevitablemente reducido.

La consultora Ovum calcula que a finales de este año habrá un total de 12,9 millones de suscripciones 5G, frente a los más de 5.000 millones de conexiones móviles. El crecimiento de usuarios 5G será muy importante a partir de 2021, y la misma Ovum calcula que se esperan 1.300 millones de suscripciones en 2023, en línea con otros análisis, como los de Ericsson o GSMA. En los últimos nueve meses se han lanzado 77 redes comerciales 5G en todo el mundo, según TeleGeography, más de lo que cabría esperar hace un año. En términos generales, el balance del despliegue inicial de 5G es muy esperanzador, aunque queda claro que quedan muchos retos pendientes para que se desarrolle rápidamente.

La situación de Estados Unidos en materia de 5G es muy peculiar. Sus dos grandes operadores móviles nacionales, ATT y Verizon, se han apresurado en el despliegue de redes 5G, pero la falta de espectro disponible en la banda media, unánimemente utilizada en el resto de países, ha hecho que emplearan la banda milimétrica, más complicada porque ofrece más velocidad pero mucha menos cobertura y estabilidad de la señal. Los otros dos operadores, T-Mobile US y Sprint, han estado inmersos en un complejo proceso de fusión para crear un tercer operador nacional competitivo gracias a la unión de su cartera de licencias, pero su unión aún está pendiente de resolución en los tribunales.

La concesión de las licencias de utilización de redes 5G ha sido, y continuará siendo, un tema muy polémico en los próximos meses, precisamente por la escasez de espectro en casi todas las bandas más interesantes para las señales 5G. Esto es debido a que ya han sido concedidas en el pasado para distintos servicios públicos y privados y revertir y armonizar la situación a favor de 5G no es tarea sencilla. Como consecuencia de la escasez de espectro útil, las subastas 5G realizadas en varios países han alcanzado precios muy elevados y no han satisfecho a nadie.

Una excepción muy importante de este conflicto de intereses es China, porque el Gobierno ha concedido las licencias a tres grandes operadores nacionales y un cuarto, el ente radiotelevisivo nacional, a precio prácticamente simbólico, lo que hace que el despliegue de 5G en China pueda ser totalmente planificado y ordenado. Otro caso anómalo es Francia, que debió retrasar la subasta y al final aplazarla para la próxima primavera por discrepancias entre las distintas partes sobre el procedimiento más indicado. Y en Alemania también hubo polémica inicial porque el Gobierno reservó 100 MHz, de un total de 400 MHz, para el desarrollo de redes privadas en entornos muy reducidos, fundamentalmente fabriles, y a precio también simbólico.

En los últimos nueve meses se han lanzado 77 redes 5G comerciales

Otro tema que en 2018 suscitó controversia fue la decisión de aprobar a finales de ese año una normativa 5G reducida, sin la interconexión de las redes troncales, conocida como NSA (Non-Stand Alone) para acelerar el despliegue de redes para aplicaciones de consumo y dejar la normativa completa SA (Stand Alone) para un año después (que al final será previsiblemente el mayo próximo). La disponibilidad de redes 5G, aunque limitadas y en los centros de las grandes ciudades, ha provocado el desarrollo urgente de smartphones 5G, pero con una oferta muy limitada y sin una demanda clara, entre otros motivos, por lo elevado de los precios de los terminales.

Indudablemente, la aprobación de la normativa NSA ha acelerado todo el proceso de desarrollo de equipos y terminales 5G y su instalación en multitud de países pero de forma bastante desordenada. El problema básico es que la inversión necesaria para el despliegue de las redes 5G es muy elevada y su modelo de negocio, para los próximos dos o tres años, no está claro. La competencia feroz entre los operadores por los servicios 3G y 4G ha provocado una bajada de precios continuada, mientras que los ingresos totales no crecen lo suficiente para justificar nuevas inversiones. Y no se trata sólo de inversiones en 5G sino que la capilaridad de las redes 4G es muy deficiente, con muchas zonas con nula o poca cobertura, tanto de servicios de banda ancha fija como móvil, porque a los operadores no les resulta rentable extender el servicio con poca población o reducida demanda.

Desplegar 5G cuando en muchas partes del mundo apenas hay cobertura móvil 3G, incluso en los países plenamente desarrollados, supone un contrasentido. Esto ha hecho que en Alemania, por ejemplo, se haya aprobado hace unas semanas una importante inversión pública para el despliegue de redes de banda ancha fijas y móviles en todo su territorio. En Estados Unidos, mientras, se quiere aprobar un plan para dar servicio móvil adecuado a las zonas rurales, con 9.000 millones de dólares de subvenciones a los operadores. Con las subastas 5G se han impuesto importantes condiciones de cobertura de las zonas rurales, pero el plazo es dilatado, por lo general a partir de 2025 y el problema es que la disponibilidad de banda ancha en todos los territorios se ha convertido en una necesidad primordial.

El desarrollo de la tecnología 5G está funcionando muy bien y, de hecho, se están cumpliendo los planes normativos antes de lo previsto. El problema es que los desajustes de desarrollo de mercado que sucedieron con 3G se han ampliado con 4G y, si no se pone remedio, la situación será totalmente insostenible con 5G. Los operadores, por su parte, ya han empezado a compartir redes y torres de comunicaciones en muchos mercados y a segregar activos y reorganizar su estructura para mejorar su situación financiera. Al tiempo, los operadores cooperan para fomentar el desarrollo de tecnologías abiertas, que les hagan menos dependientes de los suministradores de equipos.

La absorción, por parte de Nokia, de los activos de equipos de telecomunicaciones de la francesa Alcatel y de la estadounidense Lucent, la rama fabril de ATT, ha provocado que existan en la actualidad tres grandes fabricantes mundiales de equipos de redes de telecomunicaciones: la sueca Ericsson, la china Huawei y la finlandesa Nokia. Las otras compañías, como la coreana Samsung, la china ZTE o la estadounidense Cisco, tienen una cuota muy inferior en el mercado de equipos para redes de telecomunicaciones. La antigua compra de Nokia de los activos de telecomunicaciones de Siemens ha hecho que Alemania no disponga de ningún gran fabricante de equipos de redes, al igual que Estados Unidos (ITT se unió a Alcatel y quedó diluido posteriormente en Alcatel-Lucent, y después en Nokia).

Un tema extremadamente complejo y que no se ve cómo se solucionará a corto plazo es la incursión de la política en la tecnología; en concreto, el veto impuesto por el Gobierno de Estados Unidos al suministro e instalación de equipos y tecnología de Huawei en su territorio y a sus continuas presiones para que en Europa y en otros países se haga lo mismo.

Durante 2019 se ha avanzado mucho en la introducción y despliegue de la tecnología 5G

Estados Unidos sostiene, aunque no aporta pruebas, de que la instalación de equipos de red 5G de Huawei supone una amenaza para la seguridad nacional de los países que los instalen, sobre todo en la red troncal, porque en teoría el Gobierno chino podría dar órdenes a Huawei para que espiara a través de una “puerta trasera” instalada en sus equipos. En realidad, el temor principal de Estados Unidos es que las importantes inversiones que China está haciendo en materia de 5G, entre otros sectores tecnológicos altamente estratégicos, ponga en entredicho a medio plazo la supremacía tecnológica de Estados Unidos y, en general, de todas las tecnologías de información y telecomunicaciones.

El asunto ya ha derivado en una guerra comercial entre Estados Unidos y China con la imposición de elevados aranceles. El viernes pasado se acordó hacer una pausa en la imposición de aranceles mutuos pero la cuestión tecnológica sigue más viva que nunca. Estados Unidos sigue considerando a China una amenaza tecnológica y quiere frenar la supremacía china en 5G vetando a Huawei en su territorio y en los que pueda.

La canciller alemana, Angela Merkel, acaba de reiterar su negativa a prohibir la instalación de equipos 5G de Huawei en su país, entre otros motivos porque teme que China podría hacer lo mismo con los productos alemanes, si bien el Parlamento alemán plantea dudas legales sobre los deseos de la canciller. Francia asegura que no impondrá vetos a Huawei en la subasta de licencias 5G de la próxima primavera pero las presiones de Estados Unidos son muy elevadas. La victoria de Boris Johnson en Gran Bretaña también puede hacer que el país cambie de opinión ya que siempre ha sido un fiel aliado de Estados Unidos. Los operadores europeos están muy preocupados por la situación, aunque Telefónica ha asegurado que continuará instalando equipos de Huawei.

El fundador e ideólogo de Huawei, Ren Zhengfei, se mantiene firme y está consiguiendo que sus equipos incorporen el mínimo de productos estadounidenses, si bien reconoció hace unos días en una entrevista al Washington Post que tendrá problemas en los próximos dos o tres años. La prohibición de Google de incorporar sus aplicaciones en los nuevos smartphones de Huawei supone un duro golpe para sus ventas de terminales el año que viene en Europa.

El veto de Estados Unidos a Huawei añade nuevas incertidumbres al despliegue de las redes y desarrollo posterior de las comunicaciones 5G y, de paso, han acelerado los planes de China de reducir al máximo su dependencia de semiconductores y de ordenadores estadounidenses, como acaba de decretar el Gobierno chino. Son muchas incógnitas a resolver en 2020 y años venideros, porque 5G no se desarrollará con amplitud hasta 2023 y alcanzará su plenitud entre mediados y finales de la década que viene.

En cualquier caso, también se produjeron muchas incertidumbres en el desarrollo de 3G y 4G y se resolvieron. Durante este año 2019 se ha avanzado mucho en la introducción y despliegue de la tecnología 5G y los escollos fundamentales se han resuelto. Ahora falta lograr que el mercado 5G se desarrolle de manera armónica, tanto para los consumidores en general como para las empresas y sus aplicaciones industriales y comerciales.