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5G ya ha despegado, pero falta que se consolide

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Las redes 5G se han desplegado de forma extraordinariamente rápida este año que ahora termina, sobre todo en China y Corea del Sur, pero falta aún lo más importante. De entrada, se deben conectar las nuevas estaciones base con redes troncales 5G para aprovechar la nueva tecnología móvil y no como ahora, que casi todas se enlazan con redes 4G. También hay que encontrar un modelo económico sostenible, porque todo apunta a que no se logrará con las previstas aplicaciones 5G de consumo y se teme que el desarrollo de las aplicaciones empresariales, que sí justificaría y rentabilizaría el despliegue de redes 5G, tardará más tiempo del previsto.

Lograr una solución satisfactoria para el despliegue completo de las redes 5G durante 2021 y los próximos años es una tarea inmensa. Los temas puramente técnicos, como el desarrollo de la Release 17 en el seno del 3GPP, siguen su curso, aunque se acaba de posponer su aprobación completa para mediados de 2022, debido a la imposibilidad de hacer encuentros cara a cara hasta el verano de 2021. Y los temas de índole regulatoria, como la escasez de ondas de radio de banda media, dramático hasta ahora en Estados Unidos, están en vías de solución con la aprobación de nuevas subastas de licencias multimillonarias.

Durante 2021 se empezarán a interconectar las redes de enlace 5G con las de transporte y troncales por medio de SA 5G, dando paso a la tecnología 5G real y a todas sus ventajas

El problema principal, que afecta en gran parte al desarrollo de 5G, es de naturaleza política y de supremacía tecnológica y comercial entre Estados Unidos y China, a la que se ha sumado ahora la exigencia europea de tener plena soberanía digital y privacidad frente a los gigantes de Internet, con la aprobación de propuestas de ley muy ambiciosas la semana pasada. Son temas que se discuten desde hace años, pero que en el 2020 se han complicado extraordinariamente con el veto de Estados Unidos a que se vendan chips a Huawei, sin que se vislumbre que se vaya a arreglar con la nueva presidencia. El Gobierno de China ha adoptado hasta ahora una actitud prudente, pero ha dejado claro que no lo va a tolerar.

Escalada de tensión entre Estados Unidos y China

Las posiciones entre Estados Unidos y China parecen haberse enrocado durante los últimos días, con decisiones por parte de la Administración estadounidense saliente que aumentan la tensión, como añadir entre otros a SMIC, principal fabricante chino de chips, y a DIJ, principal suministrador mundial de drones, incluidos los militares estadounidenses, a la lista que prohíbe a las compañías estadounidenses vender semiconductores. Justamente, este fin de semana se ha conocido que las instalaciones de alta seguridad estadounidense han recibido, durante meses o quizás años, un ataque cibernético masivo y el acceso a archivos supuestamente inviolables. El responsable de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Robert O’Brien, en un comunicado conjunto con la FBI, ha reconocido que el ataque es significativo y aún puede estar en marcha, sin tener claro su alcance.

Mike Pompeo, Secretario de Estado y que se ha distinguido durante 2020 en acusar directamente a Huawei de espionaje por encargo del Gobierno chino, asegura a que todo apunta a que el ataque cibernético procede de Rusia, extremo que el Kremlin se ha apresurado a negar. Tampoco Trump está convencido de que hayan sido los rusos, pero por lo menos se ha evitado dirigir las primeras miradas a los chinos. En vistas de la escasa seguridad que ofrecen las redes de telecomunicaciones, le será difícil a la nueva Administración de Estados Unidos seguir acusando sin pruebas a Huawei de espionaje, o de posibilidad de espionaje, y de justificar el mantenimiento de las sanciones impuestas en julio y septiembre, que prohíben a terceras compañías, como la taiwanesa TSMC, vender chips a Huawei. Como le ha sucedido a las instalaciones de alta seguridad de Estados Unidos, está claro que no existe la seguridad completa y que argumentar la mera posibilidad de que se podría hacer para prohibir es absurdo.

La semana pasada también se ha sabido que Alemania está a punto de aprobar una ley de seguridad de las telecomunicaciones muy estricta, sin que se mencione explícitamente a ningún suministrador de equipos de telecomunicaciones. Será un consejo consultivo el que estudiará si las redes ofrecen el nivel de seguridad deseado, aunque será el Gobierno, y en última instancia la cancillera Angela Merkel o su sucesor/a, quien tendrá la decisión final. Todo indica que el Gobierno español adoptará una medida similar a la alemana, con una ley de seguridad y sin una prohibición expresa a los equipos de Huawei. Francia, por su parte, probablemente seguirá con su actitud ambigua.

Huawei pondrá una fábrica en el noreste de Francia

Huawei, mientras tanto, acaba de decidir que instalará su primera fábrica europea de equipos de telecomunicaciones en el noreste de Francia, en Brumath, a 17 km de Estrasburgo y cerca de la frontera alemana y belga y rodeada de 23 centros de investigación. La inversión inicial prevista es de 200 millones de euros, con la creación de 300 puestos de trabajo y 500 a largo plazo. La facturación estimada es de 1.000 millones de euros anuales en soluciones de tecnologías de redes móviles. El anuncio de Huawei va claramente enfocado a intentar que la Unión Europea flexibilice su posición respecto a sus equipos de telecomunicaciones, en un momento, además, en que se está a punto de concluir un ambicioso acuerdo comercial entre China y la Unión Europea, donde el suministro bilateral de tecnología entre ambos países juega un papel clave.

En las próximas semanas, conforme se le vayan acabando a Huawei los componentes estratégicos que tenía almacenados y si Estados Unidos, ya bajo la presidencia de Joe Biden, continúa con su posición firme de vetar a Huawei y otras compañías chinas, es previsible que aumente la tensión comercial entre ambos países mientras hay un acercamiento entre la Unión Europea y China y entre esta última y Japón, que también está ansiosa por introducirse en el mercado chino. Las redes 5G, por tanto, continuarán en el centro de esta disputa entre Estados Unidos y China, aunque su incidencia real es relativamente menor en comparación con la magnitud de lo que está en juego.

Ya hay expertos que alertan del peligro de que la escalada de tensión entre China y Estados Unidos acabe fragmentando Internet y, a la postre, las redes 5G, porque no hay que olvidar que China controla gran parte del 3GPP, el órgano que establece los estándares mundiales de telefonía móvil, a través de sus numerosos delegados de Huawei y ZTE, junto a los de Ericsson y Nokia. China ya tiene, de hecho, una Internet propia, con acceso muy restringido a los gigantes de Internet estadounidenses. Si continúa el ritmo de la escalada como en los últimos meses, las telecomunicaciones globales pueden pasar a ser una quimera a medio plazo.

China seguirá dominando el despliegue de 5G en 2021

De momento, China ya lidera de forma abrumadora las redes 5G mundiales. Está previsto que China haya instalado cerca de 800.000 estaciones base 5G en 2020 y que instale otro millón en 2021. En la actualidad, hay unos 175 millones de conexiones a 5G en China frente a los 2020 millones en todo el mundo, según el reciente informe de Ericsson. En toda Europa hay escasamente seis millones de suscriptores 5G y en Corea del Sur casi doce millones, que es el país con mayor proporción de suscripciones 5G respecto al total de móviles, cerca del 16%. En el resto del mundo no se llega a 25 millones de suscripciones, incluido Estados Unidos, Canadá y Japón.

A lo largo de 2021, China mantendrá la distancia abismal en 5G respecto al resto del mundo, pero su diferencia se acortará al tener un menor crecimiento relativo. Será a partir de 2022 y sobre todo de 2024 cuando se empezarán a nivelar las suscripciones 5G entre Estados Unidos, China y todo el continente europeo. El hecho más destacable de 2021 será, con todo, que empezarán a desplegarse con fuerza las redes SA 5G, frente a las actuales NSA 5G. Es decir, que las estaciones de radio se comunicarán con las redes de transporte y las redes troncales a través de 5G, mientras que ahora el transporte se realiza con 4G.

Es de prever que, cuando se inicie el 28 de junio el MWC en Barcelona, la situación de la pandemia esté más controlada y el futuro de 5G y de la crisis social y económica se pueda encarar con mayor optimismo

Visto con perspectiva, es probable que la decisión de principios de 2019 de adelantar el despliegue de las redes 5G con el modo NSA no haya sido la más acertada, porque ha frustrado muchas de las expectativas depositadas en los consumidores al no producirse gran aumento de la velocidad y una latencia similar a la 4G. Incluso en Corea del Sur, después de más de año y medio de funcionamiento de las redes NSA 5G, la velocidad es de unos 400 megabits por segundo. Más que la revolución prometida, 5G es vista por ahora como una evolución de 4G. Es de esperar que dentro de un año aproximadamente, con las redes SA 5G generalizadas en zonas con cobertura en la banda de 3,5 GHz, la velocidad sea mucho más elevada que la 4G mejorada y la latencia muy inferior. En las zonas con bandas de 700 a 1.800 MHz no se prevé un gran aumento de la velocidad pero la cobertura será muy elevada y también la calidad del servicio y posibilidades con las redes 5G.

MWC Shanghai, dentro de dos meses

Durante los próximos 23 al 25 de febrero se tendrá la oportunidad de ver los avances producidos en 5G, con la celebración del MWC Shanghai 2021, que ha intercambiado las fechas con el MWC 2021 de Barcelona, que tendrá lugar del 28 de junio al 1 de julio. En el MWC de finales de febrero el acento principal se pondrá en el despliegue de 5G en Asia, y más concretamente en China, mientras que en el de finales de junio el énfasis será mucho más global, como en las anteriores ocasiones que se ha celebrado en Barcelona y que se tuvo que cancelar este 2020 a causa de la pandemia. Una pandemia que también ha afectado al despliegue previsto de 5G, aunque ha catapultado el uso de las comunicaciones fijas de banda ancha por razones obvias de confinamiento. Se confía en que para el MWC 2021, de Barcelona, la pandemia ya esté en gran parte controlada y se pueda encarar el futuro con mayor optimismo, no solo en el tema 5G sino de la situación social y económica en general.

Un problema que continuará latente, de difícil solución especialmente en Europa, es la dificultad que se prevé que tendrán los operadoras para amortizar las inversiones necesarias para el despliegue de 5G. La elevada competencia en los distintos países europeos provoca una caída de precios de los servicios de banda ancha y móviles, sin que el progresivo despliegue de 5G permita aumentar los precios de esta nueva tecnología móvil, porque el consumidor en general no ve, de momento, la necesidad de cambiar. Será a finales de 2021, con la aparición de más aplicaciones empresariales 5G y la puesta en marcha de redes privadas cuando se espera que haya mayor dinamismo. La superación de la pandemia también infundirá nuevos ánimos entre los consumidores.

Otro tema latente y que se deberá abordar de manera urgente es la reducción del consumo energético de los grandes centros de datos y de las redes fijas y móviles 4G y 5G. El tráfico de datos a través de las redes fijas y móviles continuará aumentando de forma exponencial en los próximos años, lo que exigirá tomar medidas drásticas para limitar su consumo energético, tanto en cifras absolutas como relativas, en proporción al volumen de datos. El pasado viernes, un informe solicitado por el Senado francés al Alto Consejo para el clima (HCC), una comisión gubernamental independiente, alertó que la puesta en marcha de 5G aumentará del 18 al 44% las emisiones de CO2 y un aumento del consumo de electricidad importante, evaluada entre 16 y 40TW solo en Francia en 2030.

Las operadoras han refutado rápidamente el informe, argumentando que 5G consume mucha menos energía que 4G y que la puesta en marcha de 5G provocará una reducción energética de otros muchos servicios y de la movilidad, como ya está pasando con el teletrabajo, que el informe no tiene en cuenta. Se debe reconocer, sin embargo, que el cambio climático es más que una amenaza para las generaciones posteriores y hay que tomar medidas drásticas para reducir el consumo energético mundial. 5G puede contribuir a paliar el problema energético a medio plazo, pero todo indica que en los próximos dos o tres años, mientras la tecnología no madure, el consumo energético con las redes 4G y 5G seguirá aumentando, para posteriormente irse reduciendo en términos relativos. Las tareas a realizar este 2021 y años venideros, en la tecnología 5G y el resto, porque todo está relacionado, son inmensas y urgentes.