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5G tiene dificultades para convencer a los consumidores, mientras se retrasan las aplicaciones verticales

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La tecnología 5G se diseñó principalmente por las ventajas que ofrecía a las empresas, ya que permitía aplicaciones específicas y muy competitivas para distintos sectores de actividad. Con el fin de lograr un despliegue más acelerado de 5G, se optó sin embargo por ofrecerla inicialmente a los consumidores, sin que ofreciera grandes ventajas respecto a 4G ni se contara con las especificaciones completas.

 

La respuesta de los consumidores respecto a 5G está siendo cuanto menos tibia y, peor aún, los plazos para tener aplicaciones empresariales innovadoras se están alargando de forma alarmante. Esto pone en peligro la pronta disponibilidad de 5G para empresas y la recuperación de la necesaria y elevada inversión que deben realizar las operadoras, sostiene la consultora ABI Research en un reciente informe.

 

La implantación de las distintas generaciones de telefonía móvil siempre ha sido complicada y tortuosa, con numerosos altibajos. En líneas generales, ha seguido la pauta descrita hace más de veinte años por la consultora Gartner y sintetizada en su ciclo de sobreexpectativas, con cinco fases: la rampa de lanzamiento, que alcanza un pico de expectativas sobredimensionadas y se precipita luego a un abismo de desilusión, para trepar después por la rampa de consolidación y quedarse al final en una meseta de productividad, a medio camino entre la cúspide de expectativas y el abismo de desilusión. Un ciclo que, en el caso de las cinco generaciones móviles desarrolladas hasta ahora, dura aproximadamente diez años, como han repetido numerosos expertos en los últimos meses al hablar de 5G.

 

Esta primavera, sobre todo después del MWC del pasado febrero y con el encendido de numerosas redes comerciales 5G en distintos países y ciudades, se ha alcanzado un primer pico de expectativas. La guerra comercial entre Estados Unidos y China, el veto de Estados Unidos a los productos de Huawei y la temida recesión que asoma en Europa, China y Estados Unidos está llevando este otoño a una desilusión generalizada del futuro de la economía en general, de la que 5G también participa. Numerosos analistas consideran, sin embargo, que el lanzamiento de la 5G no se verá lastrado únicamente por la coyuntura económica actual sino, sobre todo, por el enfoque inicial hacia aplicaciones puramente de consumo, que en principio no son las más beneficiadas por la nueva tecnología móvil.

Los despliegues para el mercado de consumo no sirven adecuadamente a los sectores verticales

“La idea de construir una red 5G capaz de acomodar las necesidades de múltiples mercados e industrias es una fantasía de los operadores de servicios móviles”, sostiene Stuart Carlaw, responsable de investigación de la consultora ABI Research. “La realidad es que los enfoques de implantación que han sido diseñados para el mercado de consumo no sirven de manera adecuada a los sectores verticales empresariales”, añade, y la premisa de que se puede empezar por las aplicaciones de consumo y después ya vendrán las empresariales está, simplemente, fuera de la realidad, concluye Carlaw.

 

El drama ya no es simplemente que las aplicaciones empresariales y el software necesario para implantarlas están aún en sus inicios sino que la implantación de la tecnología 5G para aplicaciones de consumo está siendo mucho más costosa en tiempo y dinero de lo inicialmente previsto. Ciertamente, la velocidad y el tiempo de respuesta de las redes comerciales 5G existentes ha mejorado en las últimas semanas respecto al inicio, hasta llegar a triplicar de media la velocidad media respecto a 4G, pero no está nada claro que sea suficiente para seducir a los consumidores. Las redes 4G están progresando en velocidad, son imbatibles en cobertura y no hace falta cambiar de smartphone, con lo que la propuesta de valor de 5G es más que dudosa para la mayoría.

 

Está claro que a medio plazo se requerirá 5G en muchos mercados destinados a los consumidores finales, por la mayor capacidad de red que ofrece 5G respecto a 4G, por la mejor optimización de los recursos y reducción del consumo energético y por las posibilidades de dar cobertura en zonas rurales y suburbanas con el servicio de banda ancha móvil mediante redes fijas (FWA). Pero esto no justifica, de entrada, el costoso despliegue 5G que se está realizando y los pagos astronómicos que se han alcanzado en las subastas realizadas en Italia, Reino Unido, Alemania y previsiblemente en Francia en las llamadas bandas medias del espectro. Teóricamente, se había aprendido de los errores cometidos con la licitación de 3G y el despliegue inicial de 4G, pero no parece que lo suficiente.

La baja latencia, la mayor fiabilidad y el ‘slicing’ son más difíciles y costosos de lograr que el incremento de velocidad

La cuestión está en que conseguir la latencia necesaria para muchas aplicaciones empresariales, como la automatización de las factorías, las operaciones a distancia o los coches autónomos, es mucho más difícil y costoso de lograr que la mayor velocidad de transmisión. Los otros parámetros que hacían 5G muy superior a 4G, como la elevada fiabilidad y seguridad intrínseca de las comunicaciones y la flexibilidad de la arquitectura 5G aparecen más complicadas de conseguir, como también el “slicing” o la posibilidad de ofrecer distintos servicios en una misma red, según las necesidades específicas de cada usuario y el precio que quiere asumir. Sin contar con que 5G se soporta con las redes troncales 4G y las conexiones con redes totalmente 5G son aún experimentales y con una normativa aún por aprobar en su versión definitiva.

 

Para ABI Research, el problema central es que se partió de una idea errónea inicial, que era empezar a ofrecer redes 5G a los consumidores, con menores exigencias tecnológicas aunque obviamente con pocos ingresos adicionales, y después ir extendiendo las capacidades y posibilidades de la red 5G a las mayores necesidades de los sectores verticales y empresariales. Para desgracia de los operadores, el despliegue 5G para el mercado de consumo no es tan sencillo como pareció en un principio y la integración de las redes lleva mucho más tiempo de lo que se pensaba. La estimación de ABI Research es que si las operadoras se apoyan únicamente en el mercado de consumo para amortizar sus inversiones 5G, necesitarán quince años antes de lograr un retorno de la inversión positivo.

 

Enrique Blanco, responsable de tecnología en Telefónica, ya expresó hace más de un año sus dudas sobre la oportunidad de lanzarse rápidamente al despliegue de redes 5G, precisamente porque veía muchas dificultades técnicas en la integración de las distintas redes. Desgraciadamente, la situación se ve cada vez más compleja y complicada de resolver, sobre todo en el ámbito empresarial, porque todo indica que cada tipo de requerimiento precisará de su solución específica; no habrá una red 5G universal sino una red con múltiples sabores, al menos en el próximo lustro. Y del lado de los ingresos, tampoco se vislumbra el conjunto de aplicaciones capaces de hacer aumentar la facturación media por usuario y amortizar la inversión necesaria en un plazo razonable.

 

Como se ha indicado al principio, el entorno económico actual favorece que nos adentremos en el abismo de la desilusión de la curva de Gartner y que la realidad sea aún más oscura de lo que probablemente es. Probablemente, cuando dentro de un año estén totalmente aprobadas las especificaciones 5G, entren en funcionamiento las primeras redes 5G “stand alone” y los smartphones hayan bajado drásticamente de precio, se superará la fase depresiva y la senda de la tecnología 5G entrará en un territorio más conocido y mucho menos hostil.